con cuantas pollas habeis estado a la vez

Tengo una amiga que dramatiza bastante con el tamaño del pene. Ella es de las que opina que es imposible jugar al fútbol si la pelota es de tenis y yo, lo admito, pensaba de manera similar.

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La masturbación y el sentimiento de culpa

Los pretendidos daños de la masturbación se resumen en uno solo real: vivirla con ansiedad y sentirse culpable. Tengo un caso de observación personal realmente triste. Carlos, de veinte años, vino a consultarme pues creía estar perdiendo memoria gracias a su práctica de masturbarse cuando menos una vez cada día. Tenía que ver con un chaval increíblemente deprimido, obsesivo, en el que la iniciativa de estar demenenciándose traspasaba los límites de una preocupación habitual y lograba aspectos patológicos. Asistió a mi solicitud con un “Diccionario de Medicina”, para empleo casero, en el que la masturbación era definida como “Vicio insano y solitario. Grave perversión que hace pérdidas de fósforo cerebral y, consecuentemente, la degeneración y la disparidad”. Tenía que ver con una edición de 1970. No aceptó mis explicaciones ni aceptó su naturaleza depresiva. Se negó a ponerse bajo régimen, repitiendo que su fuerte era irrevocable, y que el daño ahora se encontraba hecho. Tiempo después tuve conocimiento de que se había suicidado.

¿Hay una continuidad “habitual” para tan extendido quehacer? Toda vez que se realizan estudios estadísticos sobre estas cosas se llega a conclusiones afines. De media, el 95% de hombres mayores de 42 años se han masturbado por lo menos una vez en su historia. La continuidad, con variantes según las edades, fluctúa entre una y tres ocasiones a la semana, si bien puede transformarse en día tras día o mucho más. Para mujeres, el porcentaje es menor, del 60%, y asimismo habitualmente afín (1 a 3 a la semana, logrando resultar día tras día, o mucho más).

¿Transmisión o contagio?

El VIH es un virus que puede transmitirse de un individuo a otra mediante unas vías muy específicas y conocidas. Por eso no charlemos de contagio, puesto que esta segunda palabra (aparte de estigmatizante) nos charla de infecciones que se tienen la posibilidad de trasmitir a terceras personas por cualquier vía, introduciendo las que se generan en la convivencia frecuente. O sea lo que pasaría con la gripe, por servirnos de un ejemplo, en el que comunicar cubiertos podría ser bastante a fin de que el virus pase de un individuo a otra. Esto no sucede con el VIH.

Por consiguiente, a fin de que haya peligro de transmisión de VIH tienen que darse juntos tres elementos.

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